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 protección de  la  MADERA

 


 

 Protección de la madera


DURABILIDAD Y PROTECCIÓN

 ALBURA Y MADERA PERFECTA  


La durabilidad natural de una especie, o la eficacia de un tratamiento de protección, están unidos a la naturaleza y al modo de acción de los agentes de alteración de la madera. Para elegir correctamente una especie o un tipo de tratamiento, es importante comprender bien porqué y cómo estos ataques se manifiestan y se desarrollan.

Durante su crecimiento, el árbol produce cada año un cierto volumen de madera. Esta materia leñosa está formada de un conjunto de células provistas de divisiones sucesivas de una hilada de celular periféricas, el cambium, generador de madera hacia el interior y de líber (corteza) hacia el exterior. Este crecimiento se materializa sobre las especies de climas templados por las capas de crecimiento anuales -o cercados- que corresponden al periodo de vegetación, activo en primavera y en verano, pero que se para en invierno. Bajo los climas tropicales, el periodo de vegetación al ser permanente, las capas de crecimiento no son visibles. La parte joven del árbol, compuesta por las capas exteriores más recientemente formadas, constituye la albura, que asegura la función de conducción de líquidos, y netamente la ascensión del agua y de sales minerales empujadas por las raíces. Mientras el árbol llega a una cierta edad, las capas más ancianas de la albura, por lo tanto las más internas, paran de asegurar su función de conducción y se transforman en madera perfecta que ocupa la parte central del tronco. Esta transformación se acompaña, a menudo, de un cambio más o menos pronunciado del color de la madera; Se habla entonces de madera perfecta duraminizada o de duramen que se distingue visualmente de la albura como en el roble, el castaño, los pinos y muchas especies de origen tropical. Esta modificación se da desde el depósito, sobre las membranas y el interior de las células, sustancias residuales de la actividad biológica: Pigmentos, taninos, compuestos minerales.

Pero sobre un gran número de especies, la transformación de la albura en madera perfecta no se produce por una modificación sensible del color. La albura y la madera perfecta son entonces, no distinguibles o poco distinguibles, a pesar de que fisiológicamente la zona de albura esté presente, incluso invisible o no delimitada. Es el caso de especies como el álamo, el haya, el abeto, la picea y ciertas maderas tropicales blancas o claras.

La transformación de la albura en duramen, o duraminación, es un factor particularmente importante en la medida en que es ella la que confiere a la madera su durabilidad natural. En efecto, la albura es siempre fácilmente alterable, ya sea o no apreciable. Esta vulnerabilidad se debe a la presencia de hidratos de carbono (almidón, azúcar), que constituyen sustancias nutritivas susceptibles de favorecer el desarrollo de los insectos y hongos lignívoros. Por contra, el duramen, que no contiene estas sustancias de reserva, es siempre más resistente frente a agresiones biológicas. Además, posee antisépticos naturales, como los taninos o las resinas, por ejemplo.

Por contra, estos constituyentes no están presentes en las esencias de madera perfecta no duraminizada y así pues no distintas de la albura. La madera perfecta de estas especies presenta una resistencia a los agentes de alteración mucho más débil, en general idéntica a la de la albura.  

 

  LOS AGENTES DE ALTERACIÓN BIOLÓGICOS

   - LOS INSECTOS CON LARVAS XILÓFAGOS

Estos insectos se caracterizan por su ciclo evolutivo que comprende un estado larvario más o menos largo, durante el cual la larva se desarrolla en la madera, alimentándose de ella y deteriorándola. 
Este ciclo evolutivo es el siguiente (Figura 1.1):



Los insectos perfectos,
adultos sexuados, no se alimentan y no viven más que unas semanas, el tiempo de su reproducción y la puesta.

·      El insecto adulto, los huevos y la ninfa no viven más que algunos días a algunas semanas.
·      No se alimentan
·      Los huevos, colocados en las rugosidades de la superficie de la madera, en las grietas o en las juntas de unión, no viven más que algunos días en la zona superficial de la madera. Una parte de ellos se transforma en larvas.
·      Las larvas se quedan en la madera para alimentarse y desarrollarse durante una duración variable según la especie, que va desde algunos meses a varios años. Las condiciones ambiente (temperatura, humedad) y el valor nutritivo de la madera influyen sobre la velocidad de desarrollo de las larvas.
·      La ninfa es el estado final de la vida larvaria, precedente a la eclosión del insecto perfecto; No vive más que algunas semanas, en un alojamiento de espera preparado para esa función y generalmente próxima de la superficie de la madera.

Algunos insectos no atacan más que a la madera fresca, recién cortada o todavía húmeda. No se reproducen después que la madera está seca (menos de 25% humedad), pero pueden terminar sus ciclos en la madera y realizar agujeros de salida, incluso aunque se haya realizado un tratamiento preventivo entre tanto. Los insectos de madera seca son, por contra, mucho más peligrosos, ya que tienen la facultad de renovar su ciclo evolutivo en la madera seca (entre 7 y 18% de humedad), lo que corresponde a las condiciones en servicio habituales de las obras en madera.  

   - LAS TERMITAS

El modo de acción de las termitas se distingue fundamentalmente del de los insectos con larvas xilófagos. En principio, como las hormigas o las abejas, las termitas se organizan en sociedad y son, por lo tanto, incapaces de vivir aisladamente. Después, son los insectos adultos (obreros) y no las larvas los que atacan la madera, a la vez para alimentarse y para alimentar a los otros miembros de la colonia. Alrededor de dos mil especies de termitas han sido censadas, de las cuales la gran mayoría vive en las regiones tropicales y ecuatorianas. En Francia, no se encuentran más que dos especies, muy parecidas, susceptibles de ocasionar desperfectos: La termita de Saintonge (Reticulitermes santonensis) y la termita lucifuga (Reticulitermes lucifugus). Sus comportamientos obedecen a un cierto número de reglas, que deben ser tenidas en cuenta en el sistema de prevención de las casas en general y las madera en particular.

·      El termitero no se encuentra en la madera, sino más a menudo en el exterior de la casa, algunas veces en el subsuelo o en un terreno donde existen desechos de madera, tocones...y una humedad suficiente.
·      Los individuos circulan a través del termitero en el suelo o en los materiales en búsqueda de alimento, en las galerías siempre al abrigo de la luz, lo que dificulta diagnosticarlas al principio.
·      Se alimentan esencialmente de celulosa que van a buscar en todos los materiales que la contienen, la madera por supuesto, pero también el papel, los tejidos...Pueden igualmente degradar otros materiales de los que no se alimentan, pero que obstaculizan su progresión: Cemento, materias plásticas, juntas, etc.
·      Debido a que se esconden de la luz, las piezas de madera más vulnerables son las que están encastradas en los muros; Si el tratamiento periférico de estas piezas es insuficiente o se interrumpe, el ataque se desarrollará en todo el volumen de la madera, exceptuando la película superficial, sin ningún signo de cara al exterior.
·      Todas las especies europeas son sensibles a las termitas, todas las alburas por supuesto, pero igualmente los durámenes con reputación de ser resistentes, cuando el ataque es importante o las condiciones sanitarios favorables. Sólo algunas especies tropicales muy densas presentan una excelente resistencia a las termitas.  

   - LOS HONGOS DE PUDRICIÓN

Los hongos lignívoros capaces de degradar la madera en obra pertenece a diferentes especies presentes en la atmósfera bajo forma de esporas. La fase última de esta degradación toma la forma de una “pudrición”. Algunas especies destruyen la celulosa de la madera (pudrición blanda, pudrición cúbica), de otras la celulosa y la lígnina (pudrición fibrosa). En todos los casos, esta acción conlleva en un plazo de tiempo una pérdida considerable de las propiedades de la madera.

Estos hongos no se desarrollan más que en presencia de oxígeno, lo que explica que las maderas impregnadas por completo en el agua no se pudren. Para las especies más peligrosas, la humedad de la madera debe pasar el 22% y la temperatura óptima del aire se sitúa generalmente entre 20 y 30ºC. De todas formas, algunas variedades pueden comenzar a desarrollarse a partir de 10ºC.    

 

 LOS GRANDES PRINCIPIOS DE LA PROTECCIÓN


Sobre el plano de la protección de la madera, el proceso que lleva a la concepción, fabricación y puesta en obra de una estructura debe efectuarse siempre en función del destino y del uso final de esa estructura.

Esta precisión puede parecer al menos sorprendente y superflua. Sin embargo, incluso en la actualidad, las maderas son tratadas sin que el que aplica el tratamiento tenga una idea precisa sobre las condiciones en las cuales se va a colocar esa estructura en obra. Es a causa de esta falta de información que las maderas, por ejemplo, tan sólo tratadas temporalmente contra el azulamiento, pueden encontrarse utilizadas en una carpintería supuestamente “tratada”, o que las maderas tratadas para carpinterías en el interior pasan a ser finalmente elementos de una terraza exterior.

En efecto, toda solución que necesite de una durabilidad natural de la madera, o de un tratamiento de protección, deberá ser estudiada teniendo en cuenta antes que nada el uso y riesgos reales en la obra, y en práctica, esencialmente en relación al riesgo de humedad de la madera en la obra.

La normalización  europea está además fundada y desarrollada en todos los niveles en relación al uso final de la madera. Estos textos están basados en tres nociones fundamentales:
·      Recordar la durabilidad natural y disminuir los riesgos
·      Proteger todo el volumen de madera degradable
·      Asegurar la duración del tratamiento esperado en obra    

    - RECORDAR LA DURABILIDAD NATURAL Y DISMINUIR LOS RIESGOS

El primer paso consiste en general para el que lo concibe en recordar prioritariamente la durabilidad natural de la madera, adaptándola a las necesidades del uso para reducir o eliminar algunos riesgos. Proteger de la humedad las maderas no resistentes a los hongos de pudrición constituye un ejemplo evidente pero significativo de esto.

Pero incluso en el caso en el que se precisa un tratamiento de protección, la preocupación por la reducción de riesgos debe estar presente en el que la realiza, por varias razones. En principio, porque incluso con las maderas durables o protegidas correctamente, una humidificación puede poner en duda el comportamiento de la estructura (variaciones dimensionales, uniones que se abren, elementos de fijación que se oxidan,...). Después porque el buen sentido requiere que se aplique un tratamiento mínimo para una eficacia máxima. Y en fin, porque siempre no es posible efectuar el tratamiento que cubriría la totalidad de riesgos que se derivasen de un empleo y de una concepción dadas.  


                                

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